Sin tristeza para ser feliz. Por John Rodríguez

Que pasaría si un día te levantas en la mañana, con todas las ganas de un niño de 11 años que desea llegar a su salón de clases y compartir con sus compañeros, correr por el patio del Colegio y de ser posible, en esos 15 minutos de recreo, jugar una pichanga con tus compañeros; sin embargo uno no sabe que nos tiene deparado el destino.

Qué pasaría si a los pocos minutos de haber salido de tu casa, bajas corriendo del autobús y cruzas intempestivamente la calle y eres arrollado por un camión. Y solo recuerdas que lloras porque tienes aprisionado tus piernas por las ruedas de la pesada máquina, pero lo único que se te viene a la mente es saber si tus padres no se enojaran contigo, y piensas en tu pequeño hermano que, como todos los días, te acompaña al colegio.

Qué pasaría si a los 11 años, tienes que afrontar que tu vida cambiará para siempre; te despiertas en el hospital sin un pierna y la otra con riesgo de también ser amputada, quizás te sumergirías a la depresión más grande, quizás pensarías en “porque no me mató”, quizás solo pase por tu cabeza que esa pesadilla terminará pronto, pero el dolor y las lágrimas te dirán que el destino te tenía preparada una gran prueba.

Y que dirías si ese chico de 11 años, que demostró fortaleza ante un hecho fortuito, hoy es un ejemplo de superación, como los muchos que hay por la vida; ese muchacho moreno, de pelo ensortijado y rebelde, con un estilo moderno, hoy sale en todos los medios de comunicación como el periodista que cumple una meta, la de mostrar que jamás tuvo una discapacidad y que su presencia en los Parapanamericanos es el resultado de sus ganas de superación.

Porque fui testigo de sus risas cuando alguna vez le quisieron quitar la correa que sujetaba su pierna ortopédica para dejarlo ingresar al estadio o su:”está loco”, cuando le conté que un compañero pedía que se le baje la computadora al primer piso para ayudar al muchacho con discapacidad. Jamás se dio por vencido, jamás una queja, siempre una sonrisa, siempre una frase que te hacía ver que los problemas no se enfrentan con una queja, se enfrentan con una solución y que mejor si viene acompañada de una sonrisa.

Siempre nos reíamos que le digan el “Drogba” del basquetbol sobre silla de ruedas, en el equipo al que pertenecía y nos reíamos de su sapiencia para descifrar estrategias futbolísticas en los juegos en red; pero más nos enorgullecía su visión de vida, se salió de su casa para independizarse y así demostrar a todos que ya estaba madurando. Es un melómano como pocos, conocedor de esos datos curiosos que pocos saben, un amante de los deportes, pero sobre todo, un amigo sincero,  por ello no es raro que hoy esté en la palestra por ser el periodista con discapacidad que recorrió los diversos escenarios de los parapanamericanos para entrevistar a quienes como él, son un ejemplo de superación.

En Lima 2019, los paraatletas peruanos ganaron 15 medallas, pero sus logros en un país de desigualdades les hacen merecedores de las medallas de reconocimiento al coraje y su lucha constante para no sentirse menos que nadie; este tipo de actividades no son una mera ocurrencia de la sociedad para sentir pena por los deportistas, esta magna actividad sirve para rendir homenaje a aquellas personas que jamás se dan por vencidos, porque son un ejemplo, porque sus triunfos son la suma de esfuerzos de sus familiares y amigos, porque no se les debe de tener pena, sino admiración

La misma admiración y respeto que le tenemos a nuestro amigo Pavel, que cada día se esfuerza por seguir posicionando su talento en una sociedad donde la envidia es el pan del día. Porque ese niño de 11 años, hoy convertido en padre le enseñará a su pequeño hijo que nunca bajó los brazos, que nunca se amilanó y que siempre se supo ganar el respeto de quienes lo rodean.

 

Jhon Rodríguez Cerna

Comunicador social, especialista en imagen y protocolo, docente  de la Unasam.

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