La Jarana Huaracina está de duelo. Por Alex Cordero

Desde hace más de cuatro décadas que Reynaldo Minaya Foronda, más conocido como Pepe Minaya, le canta a Huaraz y la región Ancash, su música, talento y euforia para interpretar diversos temas musicales han hecho que los huaracinos se apropien de sus canciones como himnos de la “Jarana Huaracina”. Pero hoy ese talento se apagó.

Sí, el jaranero, ese que se robó el corazón de jóvenes y adultos y que hizo gozar a generaciones, partió al cielo, dejando atrás, añoranzas, exaltaciones y todo tipo de recuerdos para quienes lo conocimos en el pináculo de su fama.

Sus canciones como “Soy Olayino”, “Pepe el Huaracino” e interpretaciones como “Puente de Marcará”, con esa característica voz ronca y donde le ponía énfasis a este último tema musical “…Subí al Huascarán a ver si ella pasaba…”, han sido reproducidas miles de veces en las fiestas vernaculares, donde familias íntegras las siguen coreando y haciéndola suya.

Una fiesta podría estar opaca o monótona, pero con la presentación de Pepe en los escenarios, eso tomaba un giro de 180 grados, al rato veías los asientos vacíos y cientos de siluetas cruzándose al son del ritmo que el cantautor huaracino elegía. Casi nadie se quería perder uno de sus repertorios, menos si en tus manos llevabas una cerveza de compañía.

La expresión artística del “Huaracino de Oro” como lo conocían en los escenarios, traspasó fronteras y terminó compartiendo escenarios con artistas de la Capital y otras ciudades del país. El sonido de la trompeta, característica en sus melodías, hacían que rápidamente el público se contagie y alcen los zapatos para bailar al son de su música.

De contextura física gruesa y fuerte, de carácter alegre y sonriente, Pepe Minaya siempre pronunció su peculiar “Oigaaaa…” como colofón de cada estrofa de sus canciones, mientras sus seguidores coreaban “Oigaaaa…”. La misma que te transportaba a vivir y sentir cada una de sus interpretaciones y posteriormente recordar ese momento vivido.

De repente el tema que siempre le gustaba cantar e interpretar a sus seguidores y amigos últimamente, era “No quiero Coronas”, en alusión y presagio quizá a lo que se venía venir, “cuando me muera y deje este mundo, no quiero llanto ni tristezas y si en verdad me han querido cántenme versos de mi santa tierra huaracina…”.

Ese fue Pepe Minaya, símbolo de la expresión popular, bohemio, alegre, solidario, divertido e incasable para hacer gozar y zapatear al pueblo huaracino. Ahora, Pepe ya canta en el cielo, como Pastorita Huaracina y otros grandes intérpretes de la música ancashina.

Por Alex Cordero.

Periodista, escritor y docente de la Unasam.

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