Morbo en la televisión, por John Rodríguez

En las aulas universitarias me enseñaron que la Televisión tenía tres funciones: INFORMAR, EDUCAR y ENTRETENER, con el tiempo estas funciones han ido cambiando de acuerdo a las exigencias del espectador, desterrando, para mí, su función principal: EDUCAR.

Algunos historiadores señalan que la televisión peruana ha caído en una crisis de valores, que ha conllevado a tener “talentos” con un paupérrimo nivel de análisis social y coyuntural, demostrándose ello en el análisis de los lamentables acontecimientos del pasado fin de semana (Caso Camilita); no solo al momento de emitir la información sino también al dar comentarios sobre estos hechos.

Feminicidios, violaciones, asesinatos, entre otros hechos han sido tratados sin el más mínimo respeto a la ética periodística; el profesor Javier Darío Restrepo, señalaba que en los tiempos que vivimos, la excesiva oferta de información contribuye a la DESINFORMACIÓN, pues los comunicadores pierden su capacidad para distinguir entre lo IMPORTANTE y lo ACCESORIO.

Este último hecho está vinculado al no profesionalismo de aquellos que aparecen ante las pantallas de televisión o de los smartphones, haciendo de sus comentarios lamentables apreciaciones salidas de su escaso conocimiento social y legal, sin medir las consecuencias de las mismas.

El exceso de programas faranduleros en la parrilla de televisión abierta es un claro indicativo que se viene mal acostumbrando al televidente a recibir programas sin contenido, ofertándoles (des)INFORMACIÓN sobre la pelea entre retadores y guerreros, algún ampay de un futbolista o el último amorío de algún famoso y cuando quieren tratar un tema coyuntural, pues simplemente es el momento oportuno para darse cuenta del nivel intelectual de estos “talentos”.

Los periodistas no escapan a esta decadencia, no es raro ver a los diversos reporteros exponer su integridad física con tal de obtener la primicia noticiosa, en muchos noticieros se ha llegado a mostrar la identidad de muchos menores de edad acusados de cometer alguna falta, afectando claramente sus derechos fundamentales, todo esto con la finalidad de despertar el morbo en el telespectador, ganando puntos de rating, pero denigrando el periodismo.

La televisión y los medios de comunicación no pueden estar a merced de profesionales sin estudios deontológicos comunicacionales, lo que hace que el nivel de sus productos audiovisuales carezca de contenido y por consiguiente omiten la principal función de los medios de comunicación, el de EDUCAR.

POR: John Rodríguez, comunicador social y especialista en audiovisuales.

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