Leer, escribir y vender libros para superar la muerte de papá. Por Alex Cordero.

Omar Robles es un joven periodista que recorre con su bicilibro las calles de Huaraz, provisto de una amplia mochila, mascarilla, protector facial y ropa ligera, pedalea por las desniveladas avenidas, jirones y alamedas de la ciudad, hasta llegar a la casa de sus clientes, quienes un día antes se han contactado con él, vía celular o whatsApp.

“Llevo un paquete que consta de tres o cuatro ejemplares, hay libros de mi autoría y otros de amigos que también se han sumado a la campaña ‘Leer te salvará la vida’”, me cuenta, sentado en el lugar del copiloto de mi carro. Es una mañana tibia que, a pesar de la pandemia, se muestra bulliciosa.

Foto: William Pérez Milla

Omar no solo lee y vende libros, sino también los escribe. Cuando llega la tarde y cree haber cumplido con las tareas de padre abnegado, se encierra en su escritorio y da rienda suelta a su creatividad. Así, sigue la secuencia desde hace muchos años, cuando escribió sus primeros poemas en la gran Unidad Mariscal Toribio de Luzuriaga, gracias a las ondas lecturas que aprendió de su padre, el ingeniero Otilio Robles.

“Mi padre llegaba para el almuerzo, siempre con su periódico”, recuerda Omar, “ese fue el primer insumo para mí, generalmente leía las noticias, el deporte, pero ya sentía el gusto por la lectura”, dice mientras gesticula con las manos, como si estuviera leyendo un diario que papá le hubiera alcanzado minutos antes.

El ingeniero Robles era un hombre apegado a la coyuntura política, social y cultural, siempre atento al acontecer noticioso. La tarde del 31 de mayo de 1970, perdió a sus padres y hermanos; ellos, un día después del matrimonio de una de sus hijas en Huaraz, se fueron a almorzar a Yungay, al reconocido restaurante “Los Claveles”, allí les cogió el terremoto y posteriormente el aluvión que sepultó la ciudad de Yungay. Nunca los pudo encontrar.

Aluvión de 1970. Foto: Casa de la Cultura – Yungay

El papá de Omar, para superar la desgracia que cayó sobre su familia, se puso a trabajar arduamente y se entregó por completo a la reciente familia que había conformado, años después nacerían sus hijos y en ellos vendría esa felicidad que el terremoto le arrebató.

El 10 de mayo de este año, cuando Omar había culminado de recitar un poema por el Día de la Madre para su página de Facebook, de repente, sonó su celular, “papá ha muerto”, le dijeron. La tristeza le embargó y con él llegaron los sepelios. Entonces, se acordó del mejor legado de su padre: escribir y trabajar arduamente.

Foto: William Pérez Milla

El 13 de mayo, Omar ya estaba repartiendo libros, provisto de su bicilibro y una amplia mochila sobre la espalda, “no solo entrego libros para mis lectores, sino que pedalear me mantiene en forma física y mental”, argumenta con un tono enfático.

Desde el mes de la madre hasta la fecha, Huaraz atraviesa sus peores momentos después del terremoto de 1970, la pandemia está dejando más huéspedes que nunca en el cementerio; por las redes sociales, hay más expresiones de pésame que saludos de cumpleaños; en casa, la mayoría se pregunta, “y si mañana me toca a mí”. No hay respuesta, todo es silencio y confusión.

Cuando Omar cree que está superando la partida de papá, el jueves 28 de mayo responde una llamada de su hermano, “mamá ha fallecido”. Ahora, sentado y divisando la angosta calle donde él vive, lo recuerda con un poco de nostalgia, pero se sobrepone. “Alex, mi padre siempre nos dijo que él había perdido a sus padres y cinco hermanos en un solo día, y se sobrepuso, nunca se rindió, por el contrario tenía más ganas de vivir y disfrutar de su nueva familia. Ese ejemplo debo seguir”, expresa con energía y resiliencia.

Foto: Del autor

Desde que publicó su primer libro “Misky Rimay” (2005), a la fecha, lleva siete libros que han visto la luz, el “Jueves Santo en Huaraz” (2020) es su última producción.

Para Omar, el día comienza produciendo y conduciendo su programa cultural “Kordillera”, que se transmite por la cuenta oficial de Facebook de la Revista Cultural Kordillera. “Ahora, las nuevas tecnologías me permiten tener mi propio canal y programa”, dice más emocionado; y el día concluye, siempre leyendo o escribiendo, bajo el soporte y la comprensión de su esposa Iveth y sus hijos Omar y Marco.

Antes de despedirme, salimos del carro y le hago algunas fotos con su bicilibro; y percibo a Omar, entretenido en lo que más le gusta y sabe hacer, convencido que leer, escribir y vender libros le salvará la vida y le ayudará a superar la partida de sus padres. Lo mismo le dice a sus seguidores en las redes sociales: “leer te salvará la vida”.

Por Alex Cordero

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