El Día del Economista, la desigualdad y el apartheid económico crecen. Por Darío Vargas A.

“El 90% de los que hacen pobres mueren pobres por más esfuerzo que hagan,
el 90% de los que nacen ricos mueren ricos independientemente de que
hagan o no mérito para ello”. J. Stiglitz.

“cuando a principios del siglo pasado el banquero estadounidense J.P. Morgan
(quien terminaría entre los hombres más ricos de la historia) dijo que
diferencias de ingresos entre ricos y pobres por encima de 20:1
serían inapropiadas, no se habrá imaginado que en
2015 el mexicano más rico obtuviera un ingreso
de casi medio millón de veces lo que gana un
trabajador promedio en México”. Aalice Krozer

Los mitos y los sueños se derrumban ante una realidad latente. Es decir, la desigualdad crece entre regiones, entre los países y al interior de los países. La igualdad de oportunidades y la meritocracias son sueños, porque cada minuto la desigualad crece, y junto a ello la exclusión, el desempleo, hambre y miseria que afecta a más de la mitad de la humanidad 3,500 millones de personas sobreviven bajo el umbral de la pobreza.

Muchos prevén que el sistema capitalista mundial va a pagar un altísimo precio por haber generado una desigualdad jamás vista en sus 400 años de funcionamiento. Lo que significa que ha habido mayor aumento y mayor expansión de la desigualdad.

El periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial se caracterizó por un rápido crecimiento económico y una distribución más o menos equitativa, es la “época de oro” del keynesianismo, pero sin embargo la desigualdad persistía en el mundo.

Con el neoliberalismo y el Consenso de Washington, el poder monopólico y oligopólico, crean un impacto negativo en la economía y en la sociedad, cuando los de abajo no tienen acceso a la educación, a la salud y a la vivienda, derechos fundamentales de la persona humana, y cuando estos derechos se convierten en servicios, sujetos a la ley del mercado, la desigualdad se ensancha. Esta, característica de la sociedad y economía de los EEUU contagia cada vez más a Europa, donde la desigualdad aumenta.

La desigualdad crece y el sueño americano de igualdad de oportunidades se convierte en una quimera. Los EEUU nunca fue una tierra de igualdad de oportunidades ni para los afroamericanos ni para los latinos, sino un segregación (Black Lives Matter). Los ricos blancos viven con ricos blancos, los pobres viven con otros pobres. Es decir una sociedad del apartheid, ya no como Sudáfrica entre negros y blancos, sino entre ricos pobres, que también se reproduce en América Latina (Pablo Bustelo).

Hoy, la desigualdad se prolonga y se perpetúa desde la guardería infantil hasta la universidad, desde los hospitales hasta las clínicas privadas. Todo está relacionado con la segregación entre ricos y pobres.

De otro lado, las estadísticas ilustran que la productividad laboral ha seguido creciendo de forma continua, pero hasta 1973 los sueldos y la productividad se movían en paralelo. Sin embargo, desde mediados de los años setenta la productividad sigue creciendo al mismo ritmo o más, pero los salarios se han estancado. ¿Por qué?

El poder de los monopolios aumenta los precios y por tanto baja los sueldos reales, y al eliminar la negociación colectiva los reduce aún más, lo que asfixia a los trabajadores, así es cómo se debilita a los sindicatos.

Otro indicador que nos ayuda a entender la desigualdad es la financiarización cada vez mayor en la economía. El sector financiero ha crecido de un 2,5% a un 8% del PIB, y no hay ninguna prueba de que esto haya mejorado la distribución de la economía. Crean riqueza para una pequeña élite de los de arriba, pero miseria para los de abajo, creando préstamos usureros, tarjetas de crédito con spread elevadísimos, para que la ganancia y la riqueza vayan desde abajo hacia arriba.

Las injusticias del sistema judicial también están conectadas a la desigualdad. Si eres rico, tienes un sistema de justicia a tu favor. Si eres pobre, tienes otro sistema de justicia que te lleva directamente a la cárcel. Dicen es igual robar una gallina por hambre, que robar y desfalcar al Estado por millones y millones de soles o dólares, e inclusive en épocas de crisis de pandemia como el actual, el robo y la corrupción no ha cesado ni un minuto. Tenemos un sistema judicial y legal que protege a los ricos y manda a la cárcel a los pobres.

Dicen que la meritocracia, permite distribuir los ingresos basado en el talento, esfuerzo, dedicación y mérito propio. Si hay desigualdad es, porque las personas son diferentes, o porque uno es más inteligente que el otro o tuvo más suerte. En consecuencia la desigualdad nada tiene que ver con el sistema económico, ni mucho menos que el mercado. La desigualdad es debido a que son ociosos e ineficientes y porque no saben competir.

Esta convicción está profundamente internalizada por la sociedad y la mentalidad de sus élites y sus intelectuales a sueldo, pero también en la mente de los de abajo. Entonces, este discurso meritocratista pretende perpetuar la desigualdad.

De otro lado, no se tiene en cuenta los informes científicos que confirman que aún con todo el esfuerzo que la gente pudiera desplegar, el 74% de las personas que nacen en pobreza nunca salen de ser pobres. En cambio, aquellos que nacen ricos no sólo casi nunca pierden su posición, sino que también heredan su privilegio a sus hijos (Aalice Krozer). Entonces, esta configuración del “mérito” y la meritocracia terminan siendo el mecanismo para la transmisión dinástica de la riqueza y el privilegio de una generación a la siguiente.

Otros sostienen que para combatir la desigualdad y acceder a la meritocracia, lo que determina es la alta especialización, vía diplomados, maestrías y doctorados, para tal propósito, en los últimos años han ido surgiendo universidades con fines de lucro, cursos de postgrado, maestrías en cualquier disciplina.

El número de alumnos que cursan los postgrados han crecido exponencialmente, hoy las maestrías, las especializaciones, los diplomados, dicen es para acceder a la meritocracia y asegurar empleo decente. ¿Acaso es verdad esa maravilla?

Habría que preguntar, a la enorme legión de graduados, que se han constituido en el “ejército industrial de reserva” y quienes engrosan sus filas son esencialmente los jóvenes. Hoy, el desempleo afecta fundamentalmente a los jóvenes.

¿Sirven los estudios de postgrado para alcanzar un mejor puesto de trabajo? ¿Ayudan a encontrar un empleo en forma rápida? ¿Hasta qué punto los ‘headhunters’ y las empresas valoran suficientemente esta formación?.

“Hay dos tipos de economistas; los que trabajan para hacer más rico a los ricos
y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres». José Luís Sampedro.

Huaraz, abril de 2021.

 

Dr. Darío Vargas A.

Es catedrático de la Unasam.

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