Cucharita, el payasito que salvó vidas en Yungay

Minutos antes del sismo de 7.9 grados en la escala de Richter que sacudió la región Áncash el 31 de mayo de 1970, muchos niños esperaban la función del circo Berolina en el estadio de Yungay, la mayoría sin sus padres, pues era domingo. Esa tarde, Armando Peña, conocido en el mundo artístico como “Cucharita”, se convirtió en un ángel para muchos huérfanos, quienes tuvieron que huir hacia el cerro Atma, antes que el aluvión del Huascarán los alcance.

El espíritu de solidaridad de “Cucharita” abrazó a cientos de niños, quienes no comprendían la magnitud de la desgracia en esos días. Luis Enrique Amaya, escritor y promotor cultural, ha escrito precisamente sobre esta apasionante historia. Su libro “Cucharita la santidad de la alegría”, muestra a través de una historia de ficción, todos los detalles que atravesó este personaje durante las horas aciagas en Yungay.

Amaya, con una prolija pluma nos describe, la procedencia de este personaje, hasta ahora casi oculto en la historia de Yungay y Áncash. Armando Peña nació en El Salvador, desde muy pequeño se vinculó en el mundo de los circos internacionales, y siendo ya adulto llegó al Callejón de Huaylas en mayo de 1970.

La tarde del 31 de mayo cuando se sintió el fuerte remezón del sismo y él terminó por los suelos, dentro de las carpas y boletos esparcidos, Cucharita tuvo contacto con un hombre de tez morena de unos 40 años de edad, “Armando, levántate, la ciudad será sepultada y el circo también, tienes que dirigir a los niños hasta aquel cerro, apúrate”, le habría dicho este hombre en medio de la desesperación.

Cucharita no comprendía lo que estaba viviendo, pero fue para él como una orden, prácticamente lo motivó para prestar ayudar a los niños que yacían desorientados tras la hecatombe, y así con la ayuda de otros adultos lograron escapar del aluvión con dirección a un cerro del lado norte de Yungay. Al día siguiente, según Amaya, Cucharita, vestido aún de payaso, colaboró decididamente en el sacrificio de una vaca buscando alimentar a cientos de niños que ya prácticamente se habían quedado huérfanos en medio del dolor y la desaparición de la ciudad de Yungay.

Según el relato de este magnífico texto, don Armando Peña, semanas después llegó a Lima, acudió a la iglesia San Sebastián para dar gracias por el nacimiento de su primogénito, quien había llegado al mundo en medio de la desgracia para el Perú; allí se tocó con la imagen de San Martín de Porres, al instante reconoció que fue aquel el hombre que le ordenó ayudar a los niños de Yungay. Sollozó profundamente tapándose el rostro y entendió que esa imagen siempre le había protegido desde cuando él era un niño en El Salvador.

Amaya, con “Cucharita la santidad de la alegría”, logra cautivar al lector, no solo por la historia sino por el apropiado lenguaje que usa para describir cada escena del personaje. Un personaje que debía llevar alegría y diversión la tarde del 31 de mayo de 1970, pero que el destino le convirtió en un hombre solidario y atento con decenas de niños que buscaban a sus padres en medio de las tinieblas.

Sin duda, se han escrito muchos libros sobre el sismo y alud en Yungay, sin embargo, Amaya, luego de escudriñar en la vida de “Cucharita”, pone en relieve una fantástica historia, que debe ser incorporada en la lectura de los ancashinos, para saber, que cuando la humanidad se sienta amenazada, no importa de qué nacionalidad sea uno, ni el oficio tenga, sino que siempre debe prevalecer el valor de la solidaridad y la amistad.

El autor del libro Luis Enrique Amaya junto a Alex Cordero en la ciudad de Huaraz.

Por Alex Cordero.

 

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